Córdoba fue durante muchísimos años la capital
de los túrdulos, pueblo al cual Tolomeo le asignaba origen
asirio, hecho probado por las numerosas monedas con caracteres caldeos
encontradas en la región. Pasó luego sucesivamente al
dominio de fenicios, cartagineses y romanos, los cuales mantenían
activo comercio a lo largo del río, entonces navegable.
Bajo el dominio romano comenzó el engrandecimiento de
Córdoba, que constituyó la primera colonia patricia romana
de España, capital de la España Ulterior, y más
tarde, en tiempo de Augusto, de la Bética, con derecho de
acuñar moneda. Intervino en las luchas civiles entre César
y Pompeyo en favor de éste, por lo que, vencidos Pompeyo y sus
hijos, fue saqueada por las tropas de Julio César.
Resistió la ciudad durante mucho tiempo el ataque de los godos,
los cuales se apoderaron al fin de ella en el 572 y en años
sucesivos destrozaron la mayor parte de los monumentos romanos. Al
hundirse la monarquía goda al empuje de los árabes,
cayó la ciudad en poder de estos, pero su florecimiento no
comenzó hasta que Abderramán I se proclamó emir
independiente de Damasco y eligió a Córdoba como capital.
Durante el emirato independiente y el califato, la ciudad prosperó
asombrosamente y adquirió su máxima pujanza, llegando a
encerrar dentro de sus muros hasta un millón de habitantes. Este
esplendor terminó con la caida del califato y su división
en taifas.
El año 1236 cayó en poder de las armas cristianas. La
ciudad fue teatro de luchas y vicisitudes durante los reinados anteriores
al de los Reyes Católicos. Estos residieron en Córdoba en
varias ocasiones, mientras preparaban el asalto final al reino de
Granada. Fue aquí donde Cristóbal Colón les expuso
su proyecto.
Durante la Guerra de la Independencia fue tomada y saqueada por los
franceses, que la abandonaron definitivamente en 1812. Tomó parte
durante el siglo XIX en las luchas entre constitucionales y absolutistas,
en las de la primera guerra carlista y en las de la revolución de
1868.
Ya en el siglo XX, hacia su segunda mitad, Córdoba inicia una
recuperación que la lleva a un crecimiento y modernización
necesarios. Surgen nuevos barrios y se crea la Universidad. Todo esto da
a la ciudad un aire nuevo e innovador pero respetuoso con las viejas
tradiciones.
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