Su especial ubicación geográfica, rodeada de sierras, con
una fértil llanura y un clima bondadoso, convirtieron a
Granada desde
la prehistoria en un núcleo importante.
El primer asentamiento conocido, en el que
tuvo su origen la ciudad, fue el de los túrdulos, una de las tribus
paleoibéricas más avanzadas.
Con la llegada de los romanos gozó de gran importancia civil y
religiosa, como lo demuestran los abundantes restos hallados por toda
la ciudad.
Durante la época visigoda, la ciudad seguía manteniendo toda
su grandeza. Al foro romano sucede el castillo visigodo, convirtiéndose
así en una fortaleza.
Los árabes se asientan en ella desde el principio de su llegada. En el
1013, se convierte en reino independiente bajo la dinastía de los Ziríes
y comienza un periodo de engrandecimiento para la ciudad. Durante dos siglos
y medio vive Granada su máximo apogeo, consiguiendo un
gran enriquecimiento económico, artístico y cultural. El mayor
afán de sus reyes fue embellecer esta ciudad de manera que nada ni
nadie puedera igualarla. La realzan con hermosas
edificaciones, entre ellas, la Alhambra y el Generalife.
Las Ciencias y las Letras
son impulsadas y brillan con luz propia. Viajeros y estudiosos acuden a Granada a
buscar sabiduría y gozar de su belleza, así como de su abierta hospitalidad
y tolerancia, fruto de la convivencia de las culturas islámica, judía y cristiana.
El 2 de enero de 1492, los Reyes Católicos entran en Granada, poniendo fin
a casi ocho siglos de permanencia islámica en la península.
Boabdil, camino del exilio, lloró al mirar por última vez la ciudad
que tanto amó, reprochándole su madre con la famosa frase:
"Llora como mujer lo que no has sabido defender como hombre". Este lugar
es conocido como "El Suspiro del Moro".
Con el dominio cristiano, la ciudad nace a una nueva era de esplendor. En esta
época se construyen los grandes monumentos cristianos de estilo
gótico tardío, renacentista y barroco.
En la Granada de hoy sorprende siempre al visitante el fuerte contraste que existe
entre la modernidad y la antigüedad, entre los barrios del Albayzín
o de la Alhambra, con rincones que llenan el alma de paz y recuerdos de otros
tiempos, y la bulliciosa ciudad baja, llena de vida y ruidosa animación,
de tunas, estudiantes, bares y tapas.
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