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La Semana Santa malagueña, declarada de Interés
Turístico Nacional, es particularmente monumental y solemne.
El ambiente, en esos días de primavera y
primeros calores, está cargado con gritos de "olé" y
olor a cera y nardo, mezclados con el sonido de tambores y cornetas que
acompañan los desfiles religiosos por el centro de la ciudad.
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Durante la semana, las distintas cofradías
hacen su estación de penitencia acompañando a las imágenes
del Cristo y la Virgen. Los pasos donde van montadas son grandiosos,
llegando a pesar hasta seis toneladas.
Debido a su tamaño, se montan fuera de los templos, trasladando las
imágenes el día de la procesión. Llevan varales externos
y los hombres de trono (personas que transportan los pasos) caminan a la vista del
público. Uno de los momentos
más emotivos es el del levantamiento a pulso de los tronos, que se
repite en diversos lugares de la procesión. Los hombres de trono levantan
el paso extendiendo los brazos y a continuación mecen a las imágenes
durante largos instantes.
Es fácil escuchar a algún espontáneo cantar una saeta
dirigida a alguna imagen, que se detiene para recoger esta oración
cantada.
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