La imagen de la caseta en los primeros años estaba muy relacionada con
el ambiente de venta de ganado. A los tres años de la creación de
la Feria, en 1849, el Ayuntamiento instaló una caseta, parecida a una
tienda de campaña, para vigilar el orden público, pero al poco
tiempo fue conocida por su ambiente festivo. Al año siguiente se
instalaban las primeras casetillas para la venta de buñuelos, turrones,
juguetes y otros objetos.
La evolución de la Feria hizo que las instituciones y las familias
más acomodadas de entonces no quisieran faltar al Real (es decir,
el campo donde se celebra la feria), lo que hizo
aumentar el número de casetas. Muchas se destacaron por su
diseño particular, adornadas con motivos exóticos.
Pasados algunos años, se consiguió la imagen actual de las
casetas, tomando como base el diseño que realizó el pintor
Gustavo Bacarisas en 1919. Hasta el traslado de la Feria al
barrio de Los Remedios, el diseño de las mismas no fue
uniforme. En 1983 se establecieron las normas para su montaje.
La caseta está formada por una estructura metálica recubierta
de lona listada en verdiblanco o rojiblanco, con listas de 10 cm. de ancho. Como
elementos básicos de la parte exterior se establecen la
pañoleta y la barandilla. La primera,
de forma triangular, corona la fachada de la caseta y va decorada con motivos
barrocos tradicionales, pudiendo llevar el nombre de la caseta o algún
elemento alusivo. También son obligatorias las cortinas listadas
cubiertas con un toldo ignífugo.
El interior de la caseta está dividido en dos partes, separadas
normalmente por cortinas. La primera, la parte noble,
no puede tener publicidad y se decora a gusto de los titulares.
La decoración debe impedir que se vea la
trastienda o parte interior.
El suelo debe ser de tablas, aunque hay bastantes casetas que lo tienen de
hormigón. En la parte noble se coloca una tarima para el
baile.
A lo largo de la historia de la Feria, han sido muchas las casetas que han
destacado. Algunas de ellas ya han desaparecido, pero otras todavía
forman parte de la vida del Real. Algunas de las más famosas son:
"Er 77", famosa por el buen humor de sus integrantes,
entre ellos el "Marqués de las Cabriolas" o el
"Conde de las Natillas". En ella sólo se
permitían los bailes por sevillanas y los flamencos. Su nombre viene del
solar número 77, donde estaba instalada.
Fue famosa por la forma en que se dispensaba el vino: estaba en un pozo,
"el pozo del moyate", de donde se sacaba con un cubo. En la
trastienda había un reservado con literas para que los socios durmiesen
la "mona". Tuvieron un ratonódromo, montaron una vespa con elementos
sanitarios e incluso editaron una revista.
"Esta es", levantada a mediados de los años
cuarenta por José Cossío Marín, gran
aficionado a los toros. Montó la caseta en la Avenida de Portugal
e instaló dentro de ella una plaza de toros en la que se
montaban corridas. Allí se reunían muchos toreros de la
época, hasta que el promotor de la caseta cayó enfermo y
ésta desapareció en 1955.
"El machacante", que se mantiene en el Real desde
1927. Se trata de una caseta familiar y ha sido mantenida por la misma familia
desde su creación. Su nombre viene de la cuota que tenían que
pagar entonces, un duro, un "machacante". La base de su decoración son
mantones de manila, lámparas de bronce y cuadros antiguos.
"Los duendes de Sevilla" es otra de las casetas
más famosas. Su nombre guarda relación con una obra de los
Alvarez Quintero, de quienes se conserva un cuadro en la
caseta. Tienen un himno que entonan al toque de una campana colocada en la
caseta, y una de sus estrofas dice: "el que no haya visto Sevilla en primavera,
es un pobre "desgraciao" que no importa que se muera".
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