| Semana Santa | | Cómo nacieron las cofradías |
La fundación de las primeras cofradías,
nacidas de hermandades grupales, se remonta a la segunda mitad del siglo XVI.
En la ciudad aparece un grupo de genoveses que llevados por su gran
devoción a la Pasión de Cristo, el Jueves Santo por la noche
hacen una procesión y van a cinco
o seis iglesias derramando sangre y lágrimas, llenando de piedad a todos
los que miran. Siguiendo el ejemplo de este grupo, se van formando
diversas corporaciones religiosas, como la del "Silencio".
En la segunda mitad del siglo, existen ya treinta y cinco cofradías
en Sevilla, treinta en la ciudad y cinco en Triana.
Al final del siglo, cuatro de ellas son refundidas en dos y resultan treinta
y tres, la mayoría de ellas con la nota característica de "gremiales".
Tienen como finalidad común dar culto a los misterios de la Pasión
del Señor y hacer
penitencia en los días santos de la Semana Mayor. Comienzan por conducir en
las procesiones cuadros pintados con pasajes de la Pasión y luego imágenes de
Jesús y de la Virgen en andas. Más tarde, surgen los grupos escultóricos
alusivos a los pasos de la Pasión.
En todas las procesiones aparecen insignias comunes, como una gran
cruz, que pasaría a ser la cruz de guía, un estandarte
con las iniciales <<S.P.Q.R.>> (Senatus Populusque Romanus), una bandera,
bocinas o trompetas, canastillas para recoger la cera y las varas para los
cargos de la cofradía. También estaban las insignias particulares,
propias de cada hermandad, como los escudos y estandartes.
Las cofradías se hacían acompañar de mujeres
con velas y cubiertas de
manto negro. Sin embargo, el gran cuerpo de la misma lo formaban los
penitentes que en un principio vistieron túnicas ceñidas a
la cintura con
una soga y se cubrían la cabeza con un antifaz caído hacia la espalda o una
larga cabellera postiza para disimular la identidad de la persona que
hacía la penitencia.
El número de cofradías crece y
se comienzan a dar abusos de todo tipo: se llega a
pagar a los flagelantes, para poder exhibir así mayor
número de éstos (250 presenta la de la Soledad del Carmen).
El Arzobispo don Rodrigo de Castro, en el año 1586, prohibe
la formación de estas cofradías sin licencia eclesiástica y sin aprobación de
estatutos. Años más tarde, la Iglesia exige normas concretas para corregir
abusos: los penitentes vestirían túnicas de lienzo basto sin botones;
los flagelantes no serían mujeres ni alquilados; los días de procesión
serían Miércoles, Jueves y Viernes Santos; las estaciones serían de día, en
horas y por calles marcadas; las cofradías de Sevilla concurrirían a la
Catedral y las de Triana a la Iglesia de Señora Santa Ana.
Después de estas ordenanzas, las cofradías de Sevilla fueron creciendo
en esplendor y orden. El siglo XVII es el siglo del apogeo, de los
grandes imagineros, del barroquismo deslumbrador y del misticismo popular.
En este siglo se introduce el "paso de palio" y las hermandades
comienzan a adoptar una nueva insignia: "el Simpecado". Primera en llevarlo
fue la cofradía del Silencio y poco a poco lo fueron adoptando las demás.
En el S. XVIII, la invasión francesa y otros sucesos hacen
pasto de las llamas importantes riquezas de las hermandades. Pasada la
primera mitad del siglo, comienzan las restauraciones y surge de nuevo el
espíritu de emulación que las hace levantar.
El S.XX es la nueva época de apogeo para las cofradías. En 1912 se crean días
de estación Lunes y Martes y más tarde, el Sábado. Todas las cofradías hacen
su estación de penitencia a la Santa Iglesia Catedral en los días y horas
reglamentados.
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