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El origen de las sevillanas hay que buscarlo en la seguidilla castellana.
Esta está formada por cuatro versos, de siete sílabas los
impares y de cinco los pares, en rima consonante, y de un estribillo de tres
versos, con el primero y el tercero, que riman, de cinco sílabas y el
segundo de siete. Las seguidillas fueron recogidas por primera vez en el
"Cancionero de Palacio", que data de la época de los
Reyes Católicos.
Normalmente se usaban sueltas como pie de otros cantares breves, hecho que
podría ser el origen de su nombre. Llegaron a tener individualidad
literaria propia en los últimos años del siglo XVI, cuando
adquirieron gran popularidad por la facilidad de su composición, su
musiquilla y su baile ligero y alegre. De la
unión de las coplas nació el estribillo.
En el siglo XVII nacen las seguidillas sevillanas,
potenciadas y elaboradas por los pícaros y marginados de Sevilla que las
convirtieron en las reinas de las juergas de la época.
En el siglo XVIII, con la llegada de los Borbones y la
influencia francesa, en España se crea el bolero. Este
baile es adaptado a las seguidillas y supone el principio de las conocidas como
sevillanas boleras.
Hasta 1847, justamente el año de la fundación de la Feria de
Sevilla, no se empieza a conocer a la seguidilla sevillana o seguidilla bolero
simplemente como sevillana. La primera vez que fueron nombradas
así fue el 4 de Abril de 1847 en el Teatro del Liceo de Barcelona.
La Real Academia Española no incluyó
el término en el Diccionario de la
Lengua Castellana hasta 1884.
Muchas sevillanas fueron compuestas por poetas anónimos y pasaron luego
al dominio popular. Hasta este siglo no se le da a los
autores la importancia merecida, pasando las sevillanas a tener autoría
registrada y documentada, tanto en letra como en música.
Por su variedad temática, se pueden clasificar en distintos grupos:
de tema amoroso y sentimental, corraleras, rocieras, temas sevillanos (la
ciudad, la Feria, la Semana Santa, temas taurinos, personajes populares),
marineras, sociológicas y políticas, relativas a otras provincias
andaluzas, etc.
A finales de los sesenta, las sevillanas comienzan a vivir una época de
gran popularidad, gracias en gran parte a la profesionalización de sus
intérpretes. Así, por esa época comenzaron a aflorar
solistas, dúos y grupos, algunos en activo todavía. Algunos
nombres míticos son los Los
Romeros de la Puebla, Amigos de Gines, Los Marismeños, Los
del Río, Paco
Palacios "El Pali" y un sinfín de nombres más.
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