| Feria de Abril | | Trajes de flamenca |
En los primeros años de Feria, acudían las mujeres de los
tratantes de ganado, en su mayoría gitanas o sencillas campesinas
andaluzas, vestidas con sus humildes batas de percal, trajes de faena rematados
en dos o tres volantes. Eran trajes alegres de chispeantes colores que realzaban
el cuerpo de la mujer. Las clases sociales acomodadas no dudaron en copiar la
forma de vestir de la mujer del pueblo. La Exposición
Iberoamericana de 1929 fue la consagración y la
aceptación definitiva del traje de flamenca por parte de
las clases pudientes como atuendo indispensable para asistir a la Feria.
La misma hechura del traje, el llamado "cuerpo de guitarra", realza las
cualidades de la mujer y disimula sus defectos: escote de pico,
redondo o cuadrado, según las épocas, pelo recogido en moño
para dar esbeltez al cuello, traje ceñido que se abre en las caderas
y los volantes que imprimen al andar un aire más jacarandoso.
El traje ha ido ganando en soltura y coquetería con los años
gracias a los distintos complementos: mantones de Manila,
flores en el pelo, etc.
El traje de flamenca ha ido variando en función de las
modas y de las distintas situaciones socioeconómicas, pero sin
perder su identidad. Los años cuarenta, tras la guerra civil,
marcaron su auge. Las mujeres se lanzaron al Real
con sus vestidos de volantes, que entonces eran largos como los de
ahora, de lunares y lisos, en telas austeras y complementados con
flores, peinecillos, pulseras, los "avíos" que siempre se
han mantenido, aunque oscilando según las tendencias del momento.
En la década de los cincuenta, el percal continuó como principal
tejido, pero el traje se enriqueció con encajes de bolillos o
cintas. Por comodidad a la hora de bailar y de montar a caballo, se
acortó la falda y empezaron a verse los zapatos.
El "boom" económico de los años sesenta y setenta repercutió
en los trajes de flamenca, que se acortaron hasta la rodilla o media pierna.
Los volantes eran de capa y se empezó a usar el tergal, el raso
de algodón y la tira bordada como principal adorno. Las
mangas llegan al codo o la muñeca y se rematan con pequeños
volantes. En la década de los setenta, se alarga el traje hasta los
tobillos y se emplean estampados grandes en tonos fuertes.
En los ochenta los trajes son muy recargados y se ponen de moda
estampados tipo tapicería. Ya en los noventa el traje pierde
volumen, se depuran la líneas y se busca más la comodidad
pero sin perder sensualidad ni esencia. Se baja el talle, se marca
la situeta y se vuelve a los lunares y los colores lisos. La sencillez
regresa al traje de flamenca, que va volviendo a su origen.
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